ESQUIZOFRENIAPLACE RITOS DE SANGRE
"¡Que bien que suenan la mala
música y las malas razones, cuando marchamos contra un enemigo!"
(Friedrich Nietzsche)
Es muy difícil lograr una
visión objetiva de la guerra en Iraqia. Desde el ideológico
cristal ahumado de los medios argentinos hasta la emotiva visión de los
medios árabes, pasando por la sorprendente presentación
aséptica de los medios Americanos. Sin olvidar la oportunista
posición de algunos países europeos. Innumerables variables deben
tenerse en cuenta si se quiere tener una visión relativamente completa
de los hechos.
Apriorísticamente creemos que estos hechos deben
ser previstos y resueltos antes de que ocurran, porque más tarde el
precio es muy alto, como quiera que se vea.
Sin embargo, las guerras
son una situación recurrente entre los humanos; junto con los
chimpancés y las hormigas somos las únicas tres especies que las
hacemos; aunque queremos creer que por distintas razones.
El devenir de
los acontecimientos en la naturaleza suele ser entrecortado, con saltos y
contramarchas, que semejan una trayectoria caótica y es necesaria toda
la inteligencia y sabiduría humana para encontrar algún sentido
en él y de esa manera poder inferir hacia adonde vamos. De ello depende
que podamos ejercer alguna influencia en nuestro destino.
El humano
está sometido a las mismas conductas aparentemente contradictorias, tal
vez por ello ha inventado religiones dogmáticas que le muestran un
camino recto sin alternativas, que lo liberan de la ansiedad de los cambios. O
explica el encanto de la astronomía clásica, la 'mecánica
celeste', con la aparente regularidad de los astros. Nadie puede tener mas
libertad, que la que puede soportar.
Pero esta tranquilidad tiene un
precio, intenta ignorar o aniquilar 'tendencias naturales', un camino que los
psicólogos dicen que no es sano. Y que otras religiones no occidentales,
encaran de manera mucho más interesante.
En todo caso el sentido
común parece señalar que no se pueden resolver las actitudes
antisociales si no se las reconoce e incorpora a fin de civilizarlas, para
empezar.
Por ejemplo, usted no podrá dejar de fumar, si no
reconoce la relación química de su cuerpo con el medio ambiente
desarrollada por milenios, pero, además, debe entender los mecanismos
complicados de sus propias (o impuestas) tendencias mentales, aceptarlos,
convivir y librarse de aquellos que le resultan perjudiciales; si es que
así lo quiere. Pero debe ser una actividad relativamente
consciente.
Si tenemos una lucha interna en la que mitad de nuestra
mente tiene una actitud que parece condenable y la otra mitad una actitud que
consideramos virtuosa, tenderemos a negar la parte 'mala' que, además,
no sabemos bien de donde viene. Somos controlados alternativamente por ambas
partes, pero no queremos enterarnos mucho cuando manda la parte 'mala'.
Si es imposible ignorarlo entonces se lo adjudicamos a alguien superior, que
toma las decisiones por nosotros, o a la suerte, los astros, u otro motivo mas
o menos mágico.
Es decir, no soportamos el no saber qué
está pasando, o por qué hacemos algunas cosas que nos perturban y
tendemos a buscar a alguien a quien culpar. Cuando encontramos la 'causa' o el
'culpable' sabemos positivamente qué provoca nuestros males y podemos
'exteriorizar' nuestra ira. Y eso es un alivio. Es una especie de catarsis
donde se relajan las presiones sobre el individuo.
Es por eso que vimos
en la cara del presidente Bush casi una expresión de alegría.
Cuando deberíamos haber visto una expresión de grave
preocupación, por ser uno de los máximos responsables de matanza,
aunque estuviese justificada.
Este enfoque de la mente humana actual,
nos da algunas pistas, pero por supuesto hay también muchas otras causas
políticas para la guerra: conquista de tierras, ventajas
económicas, privilegios, que son intrínsecas a los mecanismos de
poder. Estos motivos son más conocidos.
Una vez que nos lanzamos
a la conquista del poder, parecemos entrar en una pista de esquí de la
que no podemos salir, una cosa lleva a la otra. Ésa es una ventaja de la
democracia, cuando alguien comienza a entusiasmarse o a ser presa de su propia
máquina, debe dejar el gobierno. ¿Se imagina a Bush 25
años en el gobierno? Y también el motivo por el cual somos
libertarios, cuando menos máquina de poder, menos 'daños
colaterales'. El poder va mas allá de las intenciones personales, tiene
sus propias reglas.
Los peligros de abuso por parte de quienes tienen
poder es el tema central de la visión libertaria y se ha analizado hasta
el hartazgo en estas páginas y están en el centro de la
solución libertaria: cuanto menos gobierno mejor.
La insuperable
virtud de la libertad: permite que afloren las tendencias en la sociedad; lo
que enfurece a los autoritarios, ellos prefieren que las cosas 'no se vean'.
Pero ¿De qué modo podremos entonces resolverlas? Autoritarismo y
organización vertical aparecen entonces asociados con dogmatismo y
guerra; nada más vertical que un ejercito.
La evidencia
arqueológica de guerra más antigua data de unos 12.000
años atrás, mucho antes de que aparecieran el capitalismo o las
ciudades, al comienzo de la agricultura. Tanto en cazadores como agricultores e
industriales, en sociedades democráticas como en dictaduras.
La
violencia de las batallas es solo una parte de la guerra; la mayor parte
consiste en prepararse, entrenarse, desarrollar armas, asegurar la
logística. Lo cual descarta que el motivo para la guerra sea un brote de
testosterona, o una predisposición genética. Ninguna
química podría empujar a una persona a marcharse de su casa,
cortarse el cabello y adoctrinarse por horas en formación
cerrada.
Al contrario de teorías o excusas biológicas, no
es fácil lograr que los humanos vayan a matarse en una guerra. En los
últimos cientos de años, los hombres han hecho grandes esfuerzos
por evitarlo: huyeron de sus lugares habituales, se dispararon en sus dedos,
fingieron locura. Tan poco confiables eran los rangos y tropas de la famosa
escuadra prusiana del siglo 18 que las reglas militares prohibían
acampar cerca de los bosques: los hombres sencillamente se perdían entre
los árboles y si te he visto no me acuerdo.
Aun cuando las
tropas estén bien preparadas, matar es algo que no surge naturalmente de
ellas. Uno de los mayores desafíos del entrenamiento militar es lograr
que los soldados disparen directamente a un enemigo individual en
frío.
¿Qué es entonces lo que hace que la guerra
sea una parte ineludible de la experiencia humana? Además del aparente
motivo visible, pareciera que la guerra se extiende geográficamente como
un virus, como si fuera una epidemia, usualmente cuando grupos se arman como
respuesta a vecinos que parecen beligerantes. También se extiende en el
tiempo, a medida que las perdidas sufridas en una guerra atraen nuevas guerras
de reparación. Eso parece haber sucedido por ejemplo con las Guerras
Mundiales I y II.
O sea, como dice el sociólogo holandés
Houweling "Una de las causas de la guerra es la guerra". La guerra hace
sociedades guerreras, lo que a su vez hace al mundo mas peligroso para otro
tipo de sociedades, las cuales deben entonces armarse. Independientemente del
tipo de sociedad que sea la que la genera, la guerra llama a la guerra y moldea
a las sociedades humanas mientras lo hace.
Diferentes maneras de
guerrear parecen influir en las formas que toma la organización
política y social. El historiador Víctor Hansen ha opinado que la
formación de falanges adoptada por los griegos antiguos con
énfasis en la igualdad y la interdependencia favoreció la
aparición de la democracia. Y no hay duda de que los ejércitos
masivos, blandiendo armas de fuego que aparecieron en Europa en el siglo xvii
contribuyeron al desarrollo del moderno estado-nación; aunque sea solo
como aparato burocrático para cobrar los impuestos requeridos para
sostener esos ejércitos.
Marx estaba equivocado: No son solo los
medios de producción los que determinan a una sociedad, sino
también los --medios de destrucción--. En este tiempo, los costos
de la guerra, o de la preparación previa, son probablemente más
grandes que en toda la historia, relacionados con otras necesidades humanas, no
solamente por mantener un ejército en armas sino para mantener el paso
con la tecnología de la muerte, que cambia continuamente. La
aspiración de fondos nos ha llevado a un nuevo tipo de sociedad, que
podemos llamar 'de estado vacío' en el cual los militares absorbieron
los recursos de todas las otras funciones sociales. Choson (Korea del Norte) es
un buen ejemplo, donde la hambruna coexiste con el desarrollo de armas
nucleares. Pero Rossya (Rusia) también se desplomó bajo el peso
del militarismo, y USA tiene el poderío mundial mayor mientras corta en
estos momentos el dinero para el almuerzo escolar.
'Adicción' es
solo una analogía pálida e imprecisa para la relación
humana con la guerra, 'Parasitismo' o aun 'Depredación' es más
adecuada. Sin embargo, ha persistido y se ha propagado con la tenacidad de una
bestia agarrada al cuello de su víctima viviente, alimentándose
del esfuerzo y la sangre de los humanos.
No dará mucho resultado
tratar de eliminar todos nuestros pensamientos inclinados hacia la guerra.
Desprendernos de símbolos y discursos violentos, criticar la cultura
machista y promocionar el respeto por la diversidad humana son todas
actividades valiosas, pero contribuirán poco a la abolición de la
guerra. Sería mucho mejor pensar a la guerra como algo externo a
nosotros, algo que debe ser arrancado, en todos lados, hasta el último
guerrero y sus armas.
La 'cualidad epidémica de la guerra' tiene
otra clara implicación: La guerra no puede ser usada para prevenir o
abolir la guerra. Es verdad que por cierto tiempo algunas amenazas urgentes de
parte de otros estados muy armados requerirá al menos de la amenaza del
uso de la fuerza armada como respuesta, solo en forma extremadamente
restringida.
Para usar una vez mas la metáfora de la guerra como
una forma de ser viviente, un parásito de las sociedades humanas: "La
idea de usar la guerra para parar la guerra, es uno de sus trucos mas
crueles"
En momentos culminantes de la guerra supongo que los jefes
máximos creen que tienen el destino en sus manos; solo el destino de
muchos inocentes, pero los suyos propios siguen siendo una hoja endeble en el
devenir de las cosas.
Nestor Cirillo
Bibliografía:
"Blood Rites: Origins and History of the Passions of War" de Barbara
Ehrenreich |